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jueves, 18 de abril de 2013

NOS JUGAMOS LA VIDA ETERNA



Y eso es lo que verdaderamente todos buscamos. No hay otra cosa más importante que el hombre persiga que vivir eternamente. Por eso se mueve y trabaja; por eso se esfuerza y estudia; por eso es capaz de darlo todo, porque quiere vivir para siempre. Imaginar otra cosa es perder la verdadera razón y sentido de la vida. El hombre busca la felicidad en la eternidad. Esa es la verdadera razón de su hambre y su sed.

Y Jesús, enviado del Padre, conoce cuál es la Voluntad del Padre: "Darnos esa felicidad eterna", y nos la ofrece: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Na hay nada tan claro, sin lugar a ninguna duda ni confusión, que estas Palabras de Jesús. Nadie podrá alegar ni justificar que no ha entendido. Quizás, sí, podrá decir alguno que no lo ha oído porque otros se han callado y despreocupado de decirlo.

Por todo ello, pensar que la Misericordia de Dios nos libra de toda responsabilidad, es pensar muy laxamente y tomarse las palabras de Jesús a la ligera. Tenemos una gran responsabilidad: "Ir al encuentro del Señor y creer en Él". Si esto no lo hacemos de forma seria, responsable y comprometida tengamos en cuenta que nuestra eternidad puede estar en peligro.

Tú, puedes optar por lo que creas, algunos ya lo han hecho, pero no vendrán a decírnoslo. Eso lo dejó también muy claro Jesús cuando nos contó la parábola del rico epulón. La responsabilidad es tuya. Todo está muy claro y nada podrás alegar después. Busca tu eternidad donde tú creas más conveniente, pero yo, en nombre de Jesús de Nazaret, te digo también que donde único se encuentra es en Él.

sábado, 12 de junio de 2010

LA JUSTICIA NO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA


Nuestra tendencia natural es mirar por los ojos de la ley. Es lo normal, cada acto debe ser juzgado según los criterios que rigen nuestra convivencia, y será premiado o castigado según lo establecido en las leyes jurídicas que establece la comunidad.

La mirada de los avezados hombres expertos en leyes solo ven faltas o cumplimientos, y todo está basado en su cumplimiento o incumplimiento. Según esto sí cumples eres una persona respetada y digna de que se te respete, pero si no cumples el peso de la ley caerá sobre ti. Lo importante es la ley y su cumplimiento, y el ser humano está sujeto a ella.

No importa los caminos, los recobecos, las adulteraciones o falacias que se puedan cometer para cumplir o aparentar cumplir, lo importante es "cumplir" o parecer cumplir, luego todo lo demás es secundario o transitorio. Los sentimientos, las incapacidades, las circunstancias, los fallos o emociones no son tenidas en cuenta a la hora de ejecutar sentencia. Sólo, en casos excepcionales cuando el poder es el mirado, se desvía la vista y se esconden las faltas para tergiversar la realidad y aparentar lo que no es.

El observador y cumplidor no repara en las lágrimas del que incumple, sólo ve gestos de una cosa (persona) que no ha cumplido con lo establecido. No personaliza sino cosifica a alguien que falla ante la ley. Es incapaz de ponerse en su lugar y analizar las circunstancias que lo han arrastrado a caer en el incumplimiento.

Porque, ¿quién no quiere cumplir? Me imagino que el primero que quisiera cumplir, ¡ahora mismo!, sería nuestro Presidente Zapatero, para quitarse de encima tantos problemas. Es lógico pensar que eso debería ser así. Otra cosa es que no pueda hacerlo por estar sometido a muchas circunstancias que lo arrastran al incumplimiento. Hay muchos factores que nos atrapan y someten impidiendo que seamos nosotros mismos los que ejerzamos nuestra auténtica libertad: buscar y hacer el bien.

Hacer un análisis de todas esta reflexión lo dejo al interés y observación del posible lector. Cada uno que mire y observe hasta que punto es libre y sus actos son propios e imputados a su libre voluntad. Sólo, mi intención, es poner en atención que la mirada del amor está por encima de toda ley y juicio humano.

La mirada de JESÚS, quieras o no, es diferente, tanto para Zapatero, nos guste o no, como para todos aquellos que incluso promueven el aborto, la eutanasia, impiden la libertad religiosa, la educación, la vida o coartan y extorsionan los derechos y libertades de otros. JESÚS no representa la norma sino defiende y manifiesta la compasión de su PADRE DIOS.

JESÚS mira más lejos y profundo. Observa los sentimientos, la debilidad, las emociones y apetencias que derrumban, y sopesan las buenas intenciones, que todos sentimos, pero que muchos, o casi todos, no podemos superar y llevar a cabo. ÉL nos conoce a fondo y sabe de que pasta estamos hecho. ¿Quién no ha sentido que hace aquello que no quiere y no hace lo que quiere? ¿Quién no se ha propuesto hacer algo bueno que nunca llega a hacerlo? Queremos y no podemos. Es la condición de nuestra humanidad pecadora.

Y en medio de todo esto están nuestras equivocaciones, nuestras dudas, fallos, limitaciones, errores e ignorancias. Nunca sabemos si lo que hacemos va a resultar o no. Tenemos nuestra fe y esperanza, pero siempre estamos caminando y moviéndonos en la inseguridad y la duda. Sentimos la necesidad de confiar y fiarnos de Alguien que nos dé seguridad, fundadas esperanzas, y nos alumbre el camino seguro. Consecuencia de todo ello son nuestros rezos, invocaciones, promesas...etc. ¿Quién no ha prometido algo por conseguir algo?

¡Cuidado con ciertos maestros de las normas! Para ellos sólo hay justos y pecadores. Y si esto es así, aquellos - los justos - no necesitan la Misericordia de DIOS, y estos - los pecadores - no la merecen. Con lo que privan a DIOS de ejercer lo que le es más propio: su Amor Misericordioso.

Luego, ¿en qué quedamos?

sábado, 18 de octubre de 2008

El tiempo apremia



Grupos de interés y partidos políticos

Ardo en deseos de gritar a los cuatro viento la imperiosa necesidad que tenemos de hacer una seria reflexión sobre la dirección que llevamos en nuestras vidas. Permanecemos expectantes ante la estampida, que se avecina al abismo, irracional y sin sentido, llena de contradicciones y disparatada. No hay coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace; no hay referencias donde beber los valores que dignifican a la persona humana; no hay nada, ni nadie que nos alumbre y nos de sentido y razón de nuestro existir y nuestro ser.

Todo es según el cristal con que se mire y, en la mayoría de los casos, de quien lo mire ( relativismo). Los instintos prevalecen a los afectos y sentimientos y, estos, de forma arbitraria y según sientan dirigen mi voluntad y anulan mi razón para, sin ninguna referencia Absoluta, perderse en la tela de araña que nos envuelve y nos dirige: el mundo y sus manipuladores.

Nuestros impulsos instintivos deben estar integrados en nuestros afectos y estos en nuestros sentimientos, pero nuestros sentimientos, lo que deseo y no deseo, deben estar integrados en nuestra voluntad. Nos ha sido donada para, empleándola libremente, ponerla al servicio del bien y encauzar y dirigir nuestros afectos, sentimientos e instintos: ese es el sello de nuestra propia esencia humana y lo que nos distingue y nos hace diferente a otro cualquier ser viviente.

Pero nos encontramos con el gran problema: ¿quien alumbra, ilumina, dirige y nos sirve de referencia? Fuera de toda duda está que el hombre no es ni se constituye en ninguna referencia para iluminar a otro, pues la luz que el pueda aportar no llegar a iluminar todo el campo que el otro necesita ver para caminar. Somos luces y sombras y sobran las palabras, pues la vida y la historia se encarga de descubrírnoslo.

Enfrascados en constituirnos en nuestros propios guías observamos perplejos como a lo largo de la historia las ideologías humanas, nacidas como esperanza y futuro de respuesta a la búsqueda del bien y la felicidad del hombre, han sucumbido en desastres y disparates que han llevado al hombre a su propia destrucción. Hoy sin más, estamos entrando en una espiral de contrasentidos
que nos desequilibran y amenazan destruirnos.

Sólo es cuestión de tiempo, por eso el tiempo apremia, pues en la medida que avanzamos hacia el sin sentido y disparate, más costará el regreso a la sensatez, al razonamiento, a la fe y al buen camino. Se necesita educar en el discernimiento y en el juicio critico; se necesita integrar lo instintivo, que nos animaliza, en lo afectivo, (ternura, afecto, sentimiento), y lo afectivo en la voluntad (no hago lo que me apetece y quiero, sino lo que debo y es bueno para todos), y mi voluntad debe estar integrada en mi razón, que me indica lo razonable y lo que es bueno, moviendo mi voluntad a tal fin. Y mi razón debe estar alumbrada por la fe en la Única Verdad Absoluta que lo ilumina todo y le da verdadero sentido a la vida.

Desde ahí, desde la crisis de valores tanto materiales como espirituales tenemos que purificar, limpiar todo el fango que nos ciega para sentar los criterios de la Verdad que nos salva y ponerlos en acción. Es tiempo de acción y de concretización. Se hace necesario cribar y asentar los criterios que nos dignifiquen y eleven a nuestra más pura condición humana.


Y no hay tiempo que perder. La Iglesia reclama hoy con urgencia hacer presente a DIOS en la vida pública ante la osadía de quienes habiendo decidido que DIOS ha muerto, se declaran a sí mismos dios, considerándose el único artífice de su propio destino, el propietario absoluto del mundo. Sin embargo, debemos preguntarnos : ¿somos de esta forma más felices?; ¿somos verdaderamente más libres?; ¿se puede construir una sociedad donde reine la libertad, la justicia y la paz?

O, por el contrario, ¿no sucede más bien, como lo demuestra ampliamente la crónica diaria, que se difunden el arbitrio del poder, los intereses egoístas, la injusticia y la explotación, la violencia en todas sus expresiones? Al final, es que el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confundida.

Y una gran responsabilidad está en los partidos políticos que, en lugar de crear ciudadanos críticos, hacen justamente lo contrario: ciudadanos leales al partido. Nada se debate; nada se pone en tela de juicio; todo se admite y se acepta; todo vale y lo que importa es mantener las cotas de poder y la ambición de sus propios intereses. Los partidos se han convertidos en verdaderos rebaños de ovejas guiados por pastores ciegos y corruptos.

Ha llegado la hora de irrumpir con la verdad del Evangelio en la vida pública y adherirnos, sin miedos, de que estamos defendiendo la verdad en beneficios del bien común y la autentica libertad.
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