Un esfuerzo de reflexionar los acontecimientos díarios vistos desde la optica cristiana y alumbrados desde el Evangelio con la ayuda del ESPÍRITU SANTO.
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jueves, 18 de abril de 2013
NOS JUGAMOS LA VIDA ETERNA
sábado, 12 de junio de 2010
LA JUSTICIA NO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA

La mirada de los avezados hombres expertos en leyes solo ven faltas o cumplimientos, y todo está basado en su cumplimiento o incumplimiento. Según esto sí cumples eres una persona respetada y digna de que se te respete, pero si no cumples el peso de la ley caerá sobre ti. Lo importante es la ley y su cumplimiento, y el ser humano está sujeto a ella.
No importa los caminos, los recobecos, las adulteraciones o falacias que se puedan cometer para cumplir o aparentar cumplir, lo importante es "cumplir" o parecer cumplir, luego todo lo demás es secundario o transitorio. Los sentimientos, las incapacidades, las circunstancias, los fallos o emociones no son tenidas en cuenta a la hora de ejecutar sentencia. Sólo, en casos excepcionales cuando el poder es el mirado, se desvía la vista y se esconden las faltas para tergiversar la realidad y aparentar lo que no es.
El observador y cumplidor no repara en las lágrimas del que incumple, sólo ve gestos de una cosa (persona) que no ha cumplido con lo establecido. No personaliza sino cosifica a alguien que falla ante la ley. Es incapaz de ponerse en su lugar y analizar las circunstancias que lo han arrastrado a caer en el incumplimiento.
Porque, ¿quién no quiere cumplir? Me imagino que el primero que quisiera cumplir, ¡ahora mismo!, sería nuestro Presidente Zapatero, para quitarse de encima tantos problemas. Es lógico pensar que eso debería ser así. Otra cosa es que no pueda hacerlo por estar sometido a muchas circunstancias que lo arrastran al incumplimiento. Hay muchos factores que nos atrapan y someten impidiendo que seamos nosotros mismos los que ejerzamos nuestra auténtica libertad: buscar y hacer el bien.
Hacer un análisis de todas esta reflexión lo dejo al interés y observación del posible lector. Cada uno que mire y observe hasta que punto es libre y sus actos son propios e imputados a su libre voluntad. Sólo, mi intención, es poner en atención que la mirada del amor está por encima de toda ley y juicio humano.
La mirada de JESÚS, quieras o no, es diferente, tanto para Zapatero, nos guste o no, como para todos aquellos que incluso promueven el aborto, la eutanasia, impiden la libertad religiosa, la educación, la vida o coartan y extorsionan los derechos y libertades de otros. JESÚS no representa la norma sino defiende y manifiesta la compasión de su PADRE DIOS.
JESÚS mira más lejos y profundo. Observa los sentimientos, la debilidad, las emociones y apetencias que derrumban, y sopesan las buenas intenciones, que todos sentimos, pero que muchos, o casi todos, no podemos superar y llevar a cabo. ÉL nos conoce a fondo y sabe de que pasta estamos hecho. ¿Quién no ha sentido que hace aquello que no quiere y no hace lo que quiere? ¿Quién no se ha propuesto hacer algo bueno que nunca llega a hacerlo? Queremos y no podemos. Es la condición de nuestra humanidad pecadora.
Y en medio de todo esto están nuestras equivocaciones, nuestras dudas, fallos, limitaciones, errores e ignorancias. Nunca sabemos si lo que hacemos va a resultar o no. Tenemos nuestra fe y esperanza, pero siempre estamos caminando y moviéndonos en la inseguridad y la duda. Sentimos la necesidad de confiar y fiarnos de Alguien que nos dé seguridad, fundadas esperanzas, y nos alumbre el camino seguro. Consecuencia de todo ello son nuestros rezos, invocaciones, promesas...etc. ¿Quién no ha prometido algo por conseguir algo?
¡Cuidado con ciertos maestros de las normas! Para ellos sólo hay justos y pecadores. Y si esto es así, aquellos - los justos - no necesitan la Misericordia de DIOS, y estos - los pecadores - no la merecen. Con lo que privan a DIOS de ejercer lo que le es más propio: su Amor Misericordioso.
Luego, ¿en qué quedamos?
sábado, 18 de octubre de 2008
El tiempo apremia
Ardo en deseos de gritar a los cuatro viento la imperiosa necesidad que tenemos de hacer una seria reflexión sobre la dirección que llevamos en nuestras vidas. Permanecemos expectantes ante la estampida, que se avecina al abismo, irracional y sin sentido, llena de contradicciones y disparatada. No hay coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace; no hay referencias donde beber los valores que dignifican a la persona humana; no hay nada, ni nadie que nos alumbre y nos de sentido y razón de nuestro existir y nuestro ser.
Todo es según el cristal con que se mire y, en la mayoría de los casos, de quien lo mire ( relativismo). Los instintos prevalecen a los afectos y sentimientos y, estos, de forma arbitraria y según sientan dirigen mi voluntad y anulan mi razón para, sin ninguna referencia Absoluta, perderse en la tela de araña que nos envuelve y nos dirige: el mundo y sus manipuladores.
Nuestros impulsos instintivos deben estar integrados en nuestros afectos y estos en nuestros sentimientos, pero nuestros sentimientos, lo que deseo y no deseo, deben estar integrados en nuestra voluntad. Nos ha sido donada para, empleándola libremente, ponerla al servicio del bien y encauzar y dirigir nuestros afectos, sentimientos e instintos: ese es el sello de nuestra propia esencia humana y lo que nos distingue y nos hace diferente a otro cualquier ser viviente.
Enfrascados en constituirnos en nuestros propios guías observamos perplejos como a lo largo de la historia las ideologías humanas, nacidas como esperanza y futuro de respuesta a la búsqueda del bien y la felicidad del hombre, han sucumbido en desastres y disparates que han llevado al hombre a su propia destrucción. Hoy sin más, estamos entrando en una espiral de contrasentidos
Sólo es cuestión de tiempo, por eso el tiempo apremia, pues en la medida que avanzamos hacia el sin sentido y disparate, más costará el regreso a la sensatez, al razonamiento, a la fe y al buen camino. Se necesita educar en el discernimiento y en el juicio critico; se necesita integrar lo instintivo, que nos animaliza, en lo afectivo, (ternura, afecto, sentimiento), y lo afectivo en la voluntad (no hago lo que me apetece y quiero, sino lo que debo y es bueno para todos), y mi voluntad debe estar integrada en mi razón, que me indica lo razonable y lo que es bueno, moviendo mi voluntad a tal fin. Y mi razón debe estar alumbrada por la fe en la Única Verdad Absoluta que lo ilumina todo y le da verdadero sentido a la vida.
Desde ahí, desde la crisis de valores tanto materiales como espirituales tenemos que purificar, limpiar todo el fango que nos ciega para sentar los criterios de la Verdad que nos salva y ponerlos en acción. Es tiempo de acción y de concretización. Se hace necesario cribar y asentar los criterios que nos dignifiquen y eleven a nuestra más pura condición humana.

O, por el contrario, ¿no sucede más bien, como lo demuestra ampliamente la crónica diaria, que se difunden el arbitrio del poder, los intereses egoístas, la injusticia y la explotación, la violencia en todas sus expresiones? Al final, es que el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confundida.
